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Los paramédicos desataron a la víctima y la llevaron rápidamente a la sala de operaciones. Entretanto, Sergio Lagos descendió del vehículo y con una sonrisa gigantesca, abrió los brazos para saludar a Felipe Camiroaga con un abrazo.
- Heyyyyyyyy, viejo perro ¿qué cuen... - Felipe le lanzó un puñetazo a la cara.
- ¡Estúpido! ¡Te dije que la trajeras consciente!
Sergio se tocó el labio inferior. Estaba sangrando. No se atrevía a contestar con otro golpe, pero miró a Felipe con fiereza. - No es mi culpa que tus "inyecciones de voluntad" - hizo un gesto de comillas con ambas manos - no funcionen.
-¿Cómo que no funcionan? - exclamó Camiroaga extrañado - Le pusiste a Marciano en la radio ¿cierto?
-¿Crees que soy imbécil? ¡Por supuesto que sí! Pero la reacción que según TÚ se produce con la música y el químico en el sistema nervioso no surtió efecto. María Soledad se puso a gritar como histérica. Me tenía histérico a mí también.
- Sí, claro como si tú no fueras histérico de por sí. Por lo menos la trajiste
viva. - recalcó Felipe en un tono irónico que Sergio no captó, por lo que sonrió puerilmente, orgulloso.
- Vamos a supervisar el procedimiento para que ésta vez, salga todo como debiera. - agregó Camiroaga dirigiéndose a pabellón. Lo siguió Lagos quien sostenía un pañuelo desechable sobre su boca.
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-¿Dónde va a querer que coloquemos los implantes esta vez? - preguntó a Felipe un hombre vestido completamente de verde que sostenía un bisturí en sus manos enguantadas.
Sergio Lagos soltó una risa reprimida y dijo - yo sé donde puede colocarle un implante. Se lo puede poner en la... - cerró la boca ante la furiosa mirada de Camiroaga - ¿Quieres callarte, idiota? Insértelo en la nuca. De ese modo no será visible. Al menos, no de inmediato.
Sergio preguntó serio - ¿No crees que se darán cuenta? Son metálicos. Hasta podrían salir en una radiografía.
- Es por ello por lo que solicitamos ayuda a la base de Washington. Ellos ya tienen un prototipo de chip bioelectrónico. Pero mientras no lo envíen, debemos trabajar con los metálicos. Es lo que hay.
Su explicación fue interrumpida por otra pregunta del cirujano.
- ¿Desea insertar microcámaras tras los ojos? Es un procedimiento riesgoso.
-Vale la pena el riesgo - dijo sin inflexión Camiroaga - Así seremos capaces de ver lo que ella ve. Sabremos en todo momento dónde está y qué es lo que hace.
Sergio acotó a lo obvio - Adelante, doctor. - Felipe lo observó de arriba a abajo con desdén. Desvió su mirada hacia el incipiente sol en el horizonte.
Esperemos que funcione. Si lo hace, el mundo estará en mis manos.