viernes, marzo 24, 2006

El Gran Estafador

Mi gran favorito de la pintura (después de Piet Mondrian... quizás más adelante postee sobre él) es Kasimir Malevich. No sé mucho sobre su vida, (tampoco sé mucho sobre la de Mondrian) por lo que me fui a Wikipedia a buscarlo.

Él es ruso y creó el movimiento llamado Suprematismo. A grandes rasgos, es una tendencia artística que simplifica las formas y colores. Por ejemplo, sólo se utilizan los colores azul, rojo, verde, negro y blanco. Y las formas: triángulo, cuadrado, cruz y círculo. Con eso, en vez de dibujar objetos reales, crea sus abstracciones (para mí, es como un lenguaje geométrico de la pintura).

Algo bonito que aprendí ahora de Malevich, es que era un poco matemático hacia su arte. Se plantea con el Suprematismo, la tarea de recodificar el mundo:

" (...) Empieza a pensar que su misión como artista es representar la naturaleza lo más objetivamente posible (...) ".

"Malevich dominó las condiciones de la existencia humana, de modo que pudo operar con un lenguaje cósmico para afirmar el orden global y las leyes generales del universo".

El sistema fue construido en toda su complejidad. Malevich escribió: "Las claves del Suprematismo me están llevando a descubrir cosas fuera del conocimiento. Mis nuevos cuadros no sólo pertenecen al mundo".

Me gustan sus cuadros, no porque son suprematistas, ni por su belleza estética. Me gustan porque hizo "leso" a medio mundo y medio mundo se la tragó (en un buen sentido... algo así como el cuento de Hans Christian Andersen: "El Nuevo Traje del Emperador"... pero él lo logró).





Blanco sobre blanco












Cuadrado negro sobre fondo blanco








Cuando en 1913, a lo largo de mis esfuerzos desesperados para liberar al arte del lastre de la objetividad, me refugié en la forma del cuadrado y expuse una pintura que no representaba más que un cuadrado negro sobre un fondo blanco, los críticos y el público se quejaron:

Se perdió todo lo que habíamos amado. Estamos en un desierto. ¡Lo que tenemos ante nosotros no es más que un cuadrado negro sobre fondo blanco! Y buscaban palabras "aplastantes" para alejar el símbolo del desierto y para reencontrar en el "cuadrado muerto" la imagen preferida de la "realidad", "la objetividad real" y la "sensibilidad moral". La crítica y el público consideraron que este cuadro era incomprensible y peligroso… pero no había que esperar otra cosa.

Las ascensión a las alturas del arte no-objetivo es fatigosa y llena de tormentos, y, sin embargo, nos hace felices. Los contornos de la objetividad se hunden con cada paso y, al fin, el mundo de los conceptos objetivos -'todo lo que habíamos amado y de lo que habíamos vivido'- se vuelve invisible. Ya no hay 'imágenes de la realidad'; ya no hay representaciones ideales; ¡no queda más que un desierto! Pero ese desierto está lleno del espíritu de la sensibilidad no-objetiva que todo lo penetra. El éxtasis de la libertad no-objetiva me empujó al 'desierto' donde no existe otra realidad que la sensibilidad… y así la sensibilidad se convirtió en el único objetivo de mi vida.

No hay comentarios.: